martes, 27 de marzo de 2012

Lawrence Anthony, el rescatador de animales

Salvó a muchos ejemplares en peligro en zonas de guerra


Lawrence Anthony, rescatador de animales en zonas en guerra. / B. WHITTINGTON-JONES (GETTY)


Cuando Lawrence Anthony (Johanesburgo, 1950) vio en abril de 2003 las imágenes de un Bagdad en llamas, pensó en lo que la jerga militar denomina “daños colaterales”, es decir, las víctimas del combate ajenas a los contendientes. Anthony había oído que la capital de Irak albergaba uno de los zoológicos más grandes de Oriente Próximo. “No podía apartar de mí la imagen de los animales muriéndose en sus jaulas”, afirmó, tras conseguir poner a muchos de ellos a salvo. El conservacionista sudafricano falleció de un paro cardíaco en su ciudad natal el 2 de marzo, a los 61 años.

Anthony era hijo de un minero escocés que dejó el pico para emigrar a Sudáfrica, donde fundó una empresa aseguradora. De él heredó la empresa y el amor por la naturaleza del país. Su situación económica le permitió afrontar los cuantiosos desembolsos que originaban las operaciones de salvamento de animales en las zonas de conflicto bélico, a las que dedicó los últimos años de su vida.

Uno de los méritos más notorios de Anthony fue lograr que facciones que se habían enfrentado encarnizadamente cooperaran en sus acciones de rescate. En Bagdad, por ejemplo, iraquíes —tanto aquellos que se habían unido a las fuerzas invasoras como los que formaban parte de la resistencia, incluidos algunos miembros de la guardia personal de Sadam Husein— y estadounidenses cooperaron hombro con hombro para poner a salvo a los pocos animales que habían sobrevivido al conflicto (35 de los 650 censados en el zoológico). Los ejemplares que no habían sido abatidos durante los combates, o que no habían servido de alimento a una población hambrienta, se encontraban en un estado tan lamentable que su primer pensamiento fue poner fin a sus sufrimientos acabando con su vida. Sin embargo, sacando recursos de donde pudo en una ciudad devastada por los combates, logró mantener vivos a la mayoría de los supervivientes y organizar su evacuación. Por esta acción recibió la medalla al valor de la Tercera Compañía de Infantería del Ejército de Estados Unidos.

El siguiente ejercicio de diplomacia de Anthony en zonas bélicas se produjo en 2006. Logró convencer a las dos facciones que luchaban en la República Democrática del Congo de que cesaran las hostilidades hasta ver qué se hacía con los rinocerontes blancos que deambulaban por la zona. En concreto, una de ellas, el Ejército de Resistencia del Señor (LRA), se había dedicado hasta entonces a disparar a los rinocerontes y a los guardas forestales que custodiaban su hábitat. Cuando Anthony puso en conocimiento de Joseph Kony, jefe del LRA, que solo quedaban cuatro ejemplares de la especie, este ordenó acabar de inmediato con la bárbara práctica: el clan al que pertenecía el señor de la guerra se sentía espiritualmente unido a los paquidermos. Estas experiencias dieron a Lawrence Anthony material suficiente para escribir dos obras Babylon's ark: the incredible wartime rescue of the Baghdad zoo [El arca de Babilonia: el increíble rescate del zoo de Bagdad durante la guerra] y The last rhinos [Los últimos rinocerontes].

Tampoco se olvidó de los animales de su propia tierra: en 1999 adoptó una familia de elefantes salvajes, que estuvieron a punto de ser abatidos debido a los problemas que causaban en el área donde se movían, lo que le valió ser conocido como “el hombre que susurraba a los elefantes”.

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