jueves, 28 de junio de 2012


El tranvía verde que triunfó en la ciudad blanca y roja

Autor:Txema Ruíz
Madrid, 28 jun (EFEverde).- El viejo botxo, durante años una referencia grisácea del progreso económico, la industria y el desarrollismo insostenible, ha transformado su imagen de tal forma que para muchos es irreconocible. Solo el Athletic parece conservarnos en la memoria el Bilbao de antaño.


Recuerdo perfectamente como al llegar a la villa, a cualquier hora del día, cambiaba el color, se apagaba la luz, incluso el olor era diferente. Fue durante muchos años el precio que los bilbaínos, especialmente los de la margen izquierda pagaron por tener al lado de sus casas, de sus ventanas, los altos hornos, la naval, las fábricas afines. Y enfrente Algorta y Neguri, las casas limpias de la margen derecha.

Los trenes que unían la capital con los pueblos de la zona industrial, hasta Santurce, era igualmente de un color gris, plomizo y sus vías discurrían junto a entramados de fuego y arrabio, acero y sudor.

Pero una mañana, hace ya diez años, todo amaneció verde, limpio, distinto, ya no hay izquierda ahumada, también ha tornado su color como por una especie de hechizo en verde. Había nacido el tranvía verde en la ciudad blanca y roja y el león cambió la niebla por la pradera.

Y junto a la ría de la gabarra y el consulado, hoy limpia, el tranvía nos traslada durante casi cinco kilómetros desde el pórtico de San Antón en Atxuri, para seguir por el mercado de la Ribera hasta la catedral laica de San Mames, bajo la atenta mirada de la cultura que emana desde el Arriaga y el Guggenheim, y acabar en La Casilla deportiva.

En estos diez años se ha logrado racionalizar significativamente lo que antes estaba inconexo, lo que requería desplazamientos absurdos, innecesarios. Es una forma sensata de facilitar la vida a los ciudadanos, de contribuir a que el viejo botxo sea hoy un ejemplo a seguir. EFE

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