viernes, 25 de enero de 2013


El Atlántico se convierte en la cuna de la industria de los biocombustibles


Uno de los retos más importantes del mundo moderno es disminuir su dependencia de los combustibles derivados del petróleo, un carburante que impacta de manera negativa el medio ambiente y cuyos precios van cada vez más en aumento.
El sistema mundo capitalista ha sido erigido sobre la base de una razón instrumental traducida en un modelo de desarrollo que parte de la explotación al máximo de los recursos naturales sean estos renovables o no.
Con más del 85% de la producción los países de la cuenca del Atlántico no solo dominan la oferta actual de biocombustibles en el mundo sino que además, a juicio del profesor Isbell, podrían extender indefinidamente ese dominio debido a que el Atlántico está proyectado como el mayor productor mundial del rublo.
El petróleo es un recurso no renovable cuyo agotamiento se acerca con el pasar de los años, de ahí la importancia de pensar un mundo que funcione con otros combustibles, lo que abre una oportunidad para la investigación científica, los experimentos y la búsqueda de otras formas de organización de la producción y la circulación de bienes y servicios que tengan como motor la utilización carburantes alternativos.
Ese contexto ofrece una gran oportunidad para los países ubicados en la cuenca del Atlántico debido a que, de acuerdo con Paul Isbell, investigador del Centro de Relaciones Transatlánticas de la universidad Johns Hopkins, este océano es la cuna de la industria moderna de los biocombustibles.
Según el académico, en el Atlántico se ubica más del 80% de la producción mundial de biocombustibles, razón por la que resalta la importancia de un acuerdo transnacional en esta materia.
Para Isbell aunque la producción mundial de biocarburantes (etanol y biodiesel) es todavía baja, del orden de 2-3% del mercado mundial de combustible para el transporte, la producción en el caso del etanol se ha más que cuadruplicado durante la última década y la de biodiesel registra un crecimiento de 15%. A esto habría que agregar que unos 40 países ya tienen acuerdos nacionales para incluir el uso de los biocarburantes como insumos de mezcla  para reducir el consumo de combustibles derivados del petróleo como la gasolina y el gasoil.
Tras considerar el ritmo de crecimiento y la definición del horizonte de inversión en este mercado, el investigar proyecta que para el año 2035 se triplicará la oferta mundial de biocombustibles, mientra que para el año 2050 representarán un tercio del total mundial de la energía primaria.
Con más del 85% de la producción los países de la cuenca del Atlántico no solo dominan la oferta actual de biocombustibles en el mundo sino que además, a juicio del profesor Isbell, podrían extender indefinidamente ese dominio debido a que el Atlántico está proyectado como el mayor productor mundial del rublo.
Los países líderes de este mercado emergente son Estados Unidos y Brasil. El primero con una industria creciente de producción de etanol con base en el maíz, y el segundo con una experiencia considerable en la transformación de la caña de azúcar en biocarburante. En tercer lugar se encuentra la Unión Europea que produce biodiesel con base en el procesamiento de distintas variedades de granos. Estados Unidos y Brasil representan en conjunto el 87% de la producción mundial.
Isbell estima que los biocombustibles significan también una oportunidad especial para la colaboración transnacional no solo porque pueden diversificar el suministro de energía sino que también pueden ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, generar nuevos mercados agrícolas, fortalecer las exportaciones y mejorar las capacidades tecnológicas locales.
El investigador Paul Isbell reflexionó sobre el tema al participar como expositor en un encuentro de académicos y políticos del hemisferio en el marco del proyecto Iniciativa Atlántica, gestionado por el Centro de Relaciones Transatlánticas de la Universidad Johns Hopkins, celebrado el pasado fin de semana con el auspicio del Grupo IBT.

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